Entrevista a Mario Puente

Durante 30 años Mario José Puente tuvo la idea rondándole en la cabeza. Más aún, en el corazón. Por eso, más como necesidad que como hobby, con frecuencia se calzaba las zapatillas y salía a correr con la certeza de que llegaría el momento de volver a pisar suelo argentino en las islas Malvinas.

“Es el lugar donde podía llegar a cerrar las heridas. No quise nunca volver por un día, como se hace habitualmente: visitar el cementerio de Darwin y regresar. Quería estar más tiempo y con alguna meta así, como alguna prueba física. Yo me fui en el ’82 para volver, pero quería volver con el mismo estado físico y el mismo ímpetu. Han pasado 30 años –tengo 48- y se dio la oportunidad de esta maratón internacional que se hace en los cinco continentes, en donde hubo guerra en el último siglo”.

Se trata de la Stanley Marathon `Run for a reason´ (Correr por una razón), un evento puramente deportivo en el que se permitió la participación de ex combatientes argentinos, que se corrió en marzo de este año.

Puente cuenta que entrena porque no tiene trabajo. “Corro porque es una descarga emocional; correr es liberarme de las tensiones y estar más tranquilo. Lo tomé como un hobby. Siempre dije que a Malvinas iba a volver con los 63 kg que tenía cuando fui a la guerra y entonces traté de mantenerme. Quería estar siempre preparado para volver”.

– ¿Cómo fue ese reencuentro con tierra malvinense?

– Fue muy fuerte llegar casi a la noche y más fuerte amanecer en Malvinas ya para correr, en una ciudad que cambió en 1000 x 1000. Fue muy fuerte a pesar de que, sicológicamente, yo lo superé. Pero hay mucha gente que está muy mal… Es algo muy fuerte encontrarte con tu enemigo, pero principalmente encontrarte en el campo deportivo, donde el deporte derrumba todo tipo de barrera.

Mario fue el único competidor amateur inscripto, y fue ésta la primera vez que se embarcó en una maratón de recorrido completo. “Yo no soy atleta, corrí 42 km… fue la primera vez que corría esa distancia. Es un orgullo haber podido volver, haber corrido en un campo de batalla del ’82, estar con el enemigo y poder sentarme a charlar después de treinta años”. Tardó 4 horas y 14 minutos en un medio donde no faltaron vientos de hasta 70 km/h con una temperatura de 2ºC, y arribó a la meta en el puesto 36 entre 160 participantes profesionales.

“Esa distancia nunca la había corrido –remarca-. Te aseguro que cuando pasé los 30 kilómetros, no podía más. Pensé en mi familia, en la gente que me apoyó y ayudó. Realmente fue durísimo, pero el Señor me ayudó a llegar hasta el final y gracias a la compañía de mi primo Norberto Aguirre, excombatiente también, lo conseguí”.

Mario Puente es asociado de AMPF en San Rafael (Mendoza) que nació nada menos que el 25 de diciembre –Navidad- de 1963. Trabajaba en una de las dos grandes empresas de telefonía del país cuando recibió por accidente una descarga de 13.000 voltios que le provocó quemaduras por las que estuvo 15 días en coma y cuatro meses en terapia intensiva. “Soy una persona de fe –dice-; ahí me apoye mucho en la Biblia”.

– ¿Tenías miedo de lo que te ibas a encontrar en Malvinas, de tu reacción?

– Sí, tenía temores. Habían pasado treinta años y ellos eran mi enemigo. Pero fue sorprendente el acogimiento que tuvimos la semana siguiente a la maratón por parte de los isleños.

– ¿Fue muy costoso viajar?

– Hace años que no tengo empleo fijo. Tengo cuatro chicos y se me hace muy difícil. Buscaba, en el fondo, que con las repercusiones del viaje y la competencia pudiera conseguir un trabajo. Del Gobierno nacional no recibí ningún apoyo y tampoco del provincial. Sólo algunas personas particulares, el municipio de San Rafael y la Mutual (N de la R: como agradecimiento, la bandera de AMPF, si bien no flameó, sí estuvo depositada sobre tierra malvinense).

– Y tu familia, ¿qué rol jugó en esta aventura?

– Mi familia es muy importante en todo esto. Cuando les conté nos pusimos todos de acuerdo, inclusive para sacar un préstamo que pagamos con el sacrificio de todos. Mi esposa Noemí me ayudó muchísimo a encarar este proyecto, lo mismo que mis cuatro hijos (Itamar, 17; Joel, 16; Aarón, 13 y Josué, 7).

– ¿Cuál es tu realidad actual?

– Hoy estoy buscando trabajo. Me llaman de muchos lados para que vaya a contarles mi historia, hago algunas changas, pero estoy desocupado desde hace mucho tiempo. Es muy difícil ser desocupado: más en el interior. Hay leyes que nos amparan (a los veteranos de Malvinas) y nadie las cumple, salvo la provincia de Buenos Aires y otras más. Tener un trabajo te ayuda muchísimo a vos, a tu familia, te hace sentir bien, digno.

Y Mario José Puente remata su testimonio con un pensamiento casi igual al que solemos escuchar de todos los veteranos de Malvinas: “Cada 2 de abril todos se acuerdan de nosotros, somos héroes, pero nadie nos da una mano. Creo que nos merecemos un poquito más, porque fuimos al frente de batalla con 18 años. Lamentablemente el funcionario se acuerda el 2 de abril, pero después, nada. Y la única recompensa que estoy pidiendo es un trabajo”.